Treinta minutos
—Estoy ridículo… mi cuerpo no está hecho para un esmoquin. Aparto la mirada de la ventana y me giro hacia […]
No había plan. Una entrevista que se tuerce, una misión que dura treinta minutos, una conversación que empieza en un sitio y acaba en otro.
—Estoy ridículo… mi cuerpo no está hecho para un esmoquin. Aparto la mirada de la ventana y me giro hacia […]
—Eh… ¿puedes repetir la pregunta? —Sí, claro, ¿cuál es tu posición favorita? Me quedo de nuevo sin palabras, hay algo