El compañero de piso

Oigo el típico tintineo de sus llaves y me coloco rápidamente en la posición más sexy que nuestro sofá me permite. Por supuesto, nada demasiado obvio; lo último que quiero es que le dé algo a mi extremadamente introvertido, tímido pero súper sexy compañero de piso.

Y aun así… los ojos casi se le salen de las órbitas cuando me ve. Carraspea y desvía la mirada al suelo mientras se ajusta las gafas. No puedo evitar sonreír ante el gesto que hizo que me prendiera perdidamente de él.

Se me acerca extendiendo la mano con algo envuelto en un bonito papel marrón. Lo miro con sorpresa y curiosidad.

—¿P-puedes esperar a abrirlo? —me dice, clavándome esos inmensos ojos verdes.
—¿Cuándo puedo hacerlo?

Él se da la vuelta y se lanza a pasos acelerados hacia su habitación.

—¡Ahora! —grita desde el otro lado de la puerta.

Al abrirlo, reconozco inmediatamente el título del libro y mis mejillas se sonrojan al instante. Conoce perfectamente mis gustos literarios; este chico nunca dejará de sorprenderme. La primera página contiene una dedicatoria que dice: “¿Leemos juntos el capítulo 5?”

El corazón me da un vuelco, porque aunque no he leído el libro, sé perfectamente lo que pasa… Me lanzo de cabeza al capítulo uno con las manos temblorosas.

El capítulo 4 acaba con los protagonistas besándose apasionadamente en el sofá mientras él juega con el encaje de las braguitas de ella.

Siento mi corazón acelerarse cuando mi boca actúa por cuenta propia, llamándolo por su nombre. Es casi un susurro, pero lo suficientemente alto, porque veo el pomo de su puerta girarse al instante.

Sale de su habitación, esta vez con la mirada fija en mí, avanzando despacio hacia el sofá donde me encuentro.

Lleva solo esos pantalones grises de chándal que muestran perfectamente todas las horas que pasa en el gimnasio… y que yo adoro con toda mi alma.

Mi respiración se acelera cuando se arrodilla delante de mí. Sus ojos emanan una pasión que no había visto nunca en él. Veo su pecho alzarse al respirar profundamente, soltando el aire por esos labios carnosos que ahora no puedo dejar de mirar.

—Pensé que nunca me llamarías… Sigue leyendo.

Su enorme mano empuja lentamente el libro hasta colocarlo delante de mis sorprendidos ojos, mientras la otra comienza a acariciar mi tobillo muy despacio, haciendo círculos con el pulgar.

Mi piel se eriza cuando empieza a deslizarla hasta mi rodilla, donde se detiene. En ese momento logro enfocar la vista y continúo leyendo. Se me escapa un chillido cuando su boca se acerca a mi gemelo y lo muerde ligeramente.

Mi sorpresa se multiplica al leer que el protagonista le está haciendo exactamente lo mismo a la chica en el libro.

—¿Cóm…? ¡Ah! —no puedo reprimir el gemido en el momento en que su otra mano comienza a bajar, rozándome el pecho, mi estómago, hasta llegar a mis bragas.
—Lo he memorizado… cada beso —dice, besándome la parte interna de la rodilla—. Cada caricia —continúa acariciándome el muslo—. Cada movimiento… —ambas manos se dirigen hacia el borde de mi ropa interior y empieza a bajarla sin reparo, sin apartarme la mirada—. Créeme, lo que viene después te va a gustar. Sigue leyendo.

Con gran esfuerzo, alzo de nuevo el libro hasta mis ojos, pero no logro apartar mi mirada de él. Veo cómo, delicadamente, dobla mis braguitas y se las mete en el bolsillo.

Ambas manos suben desde mis tobillos hasta las rodillas. Sus manos son grandes y ásperas, y eso hace que mi piel se encienda aún más.

—Ábrete más para mí… —dice mientras me aparta las rodillas.

Entonces empieza a besar mis muslos desde las rodillas, acercándose muy lentamente hasta mi centro. Mi cuerpo entero tiembla, mi respiración se entrecorta según se acerca. Sus ojos se clavan en mí para después señalar el libro, indicándome que siga leyendo.

Suelto un suspiro tembloroso e intento concentrarme de nuevo en las páginas. Como imaginaba, el protagonista dice y hace lo mismo que él me está haciendo a mí.

Con un movimiento rápido pero delicado, me agarra del culo con ambas manos, acercándome a escasos centímetros de su boca. Es entonces cuando siento su lengua recorrer mi entrada y detenerse en el clítoris, al que dedica especial atención, acariciándolo con precisos movimientos de su lengua, chupando y succionando con intensidad.

No puedo más. Todo es demasiado. Cierro los ojos y agarro el libro con fuerza sobre mi pecho, echando la cabeza hacia atrás, mordiéndome el labio.

El orgasmo explota dentro de mí y mis manos dejan de lado el libro para agarrar su cabeza, entrelazando mis dedos con su cabello.

Aún tengo los ojos cerrados cuando lo siento sobre mí. Sus labios y barbilla, a escasos centímetros de los míos, están empapados… y no puede ser más sexy.

—¿Quién eres tú y qué has hecho con mi compañero de piso? —digo, con la voz ronca, rozando su boca con las yemas de mis dedos.
—El mismo de siempre… solo que ahora sé a qué sabes cuando te muerdes el labio mientras lees.

Finalmente, su boca se lanza a la mía, devorándome, dejándome sin aliento. La realidad superando a la ficción… y con creces.